El traidor, Parte2

Secuela de “El Traidor”.

Si no leíste la primera parte: Parte 1


La oscuridad que consumía el bosque atrapaba a los cuerpos torneados de los árboles que aparecían en el camino del caballerizo. Entre cada paso que adelantaba Sr. Arthur a lo desolado de GreenTeeth, como se hacía conocer el extenso bosque detrás de GrassLand, la bruma aparecía lentamente desvaneciendo toda silueta reconocible a la corta distancia. De allí en adelante, Sr. Arthur debería de apañárselas a oído y tacto.

El silencio era el calmo sonido del viento que recorría cada pasto sobre el suelo, sumado al endeble silbido que llegaba desde lejos. Nada más que se hiciera notar, lo que era extraño para un bosque.

Con la espada en mano, el caballerizo dio media vuelta y perfiló un tajo a la oscuridad. La hoja de acero perforó el cuerpo duro de una rama que se desplomó luego del golpe. El tronco, que doblaba el grueso de un brazo humano, cayó sobre el hombro de Sr. Arthur afligiendo un fuerte dolor que lo hizo vociferar blasfemias, a quien sabe qué demonio, y que acalló rápidamente para no delatar su posición.

Con el hombro deshecho, el caballerizo se adelantó sigilosamente varios metros hasta que el rozar de unos pasos sobre el suelo, traicionaron el ataque de quien fuera el enemigo Sr. Arthur debía eliminar.

El hombre azotó un golpe a la cara del caballerizo haciéndolo tambalear y con una daga le perforó el costado antes de alejarse por las sombras.

Sr. Arthur cayó sobre sus rodillas y quitó la daga antes de que el misterioso traidor apareciera nuevamente.

<Al parecer, este hombre tiene cierta afinidad con los cuchillos y las dagas. Este angosto lugar le da la ventaja ante mi espada larga>. Pensó el caballerizo entre el dolor que cargaba encima.

« Luces desanimado, ¿O te ha afectado la vejez? ». Las sombras repetían el eco de aquella misteriosa voz.

« ¿Quién eres?, deja de esconderte y pelea como lo haría cualquier hombre ». Sr. Arthur había visto conveniente disuadir a su atacante con provocaciones.

« ¿Crees que me gustaría enfrentarme a tí, el gran caballerizo real Arthur Collingwood?, no soy tan idiota ».

« ¡Eres un cobarde!, si tuvieras un poco de honor podría perdonarte la vida cuando te gane ».

« Hablas mucho y haces poco. ¿Quieres un combate?, si llegas vivo al cementerio de GrassLand te daré la pelea que buscas. Pero apurate, o el veneno en tu herida hará mi trabajo». Las carcajadas maniaticas se esfumaron mientras el traidor se alejaba.

La suerte del caballerizo parecía caerse a pedazos. Haber logrado un combate uno a uno no le significaba nada si tenía que volver a GrassLand con una herida de gravedad que supuraba veneno.

¿Y hacia donde quedaba GrassLand?, ciertamente entre la oscuridad parecía imposible darse cuenta si ir hacia adelante, significaba dirigirse al norte o a qué otra dirección.

Continuara…

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