A tu regreso


Has ausentado al otoño y has vuelto en primavera, trajiste la lluvia de los últimos meses que me ahogó en emociones acumuladas.
Niegas haberme conocido en verano, fueron fuego tus palabras, que de día nacen y perduran en la noche.
Invoco al infinito del cielo estrellado, que baje una chispa a encender tu mirada.
Abstienes la fuerza, la furia y aprietas la lengua bajo la prensa de tus dientes.
Avanzas, acechante avanzas, miras el vacío del entrecejo de mi frente, esquivas mi mirada en tu mirada, ciegas en mí el instinto por frenéticos impulsos de tormenta por estornudar truenos, inesperados.
Sigues por mi costado y no te detienes, el viento nunca lo hace. Chirría en un silbido detrás de las paredes, el viento me lleva a seguir su voz, un susurro al oído.
Te encuentro descansada sobre el suelo, los ríos en los que nadas son muy rápidos y peligrosos. Pero con nosotros encontramos la suerte, y la suerte nos acompañó hasta el lugar donde escondidos habrían de olvidarnos.

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Santa, hechicera


La guitarra comienza,

un picado de cuerdas,

recorre tu cuerpo,

las manos remolinean.

Santa, hechicera,

pisas con fuerza, guerrera.

Flor en peineta,

miras de frente,

y sonríes,

¡engañas corazón!

Amores ajenos,

la reina mentira,

son los elogios,

de tus cautivos.

Mi corazón,

te lo has llevado,

yo ya sin más,

he perdido.

Son tus ojos,

de fuego encendido,

que quema,

y me quemó.

El amante antes de morir


Enterarse de que el día se derrumbó cuando era tarde, pero no de noche, no. La vulnerabilidad, la volatilidad y la franqueza de la vida, nada tan complejo que se extingue en un instante.
El eco de los pensamientos de sentirse diminuto, atrapado en la vida, y siendo egoísta con todo el mundo, pero satisfecho con lo poco que se ha hecho.
Claro, es el confort de ser libre, al menos ese es consuelo del inocente.
El romanticismo no me convence, es tan fácil despreciar la vida creyendo en cosas vacías. Pero somos tan tercos, y creemos en el amor poético, en la sutileza de las palabras que ya no se usan para entenderse al hablar.
Es por eso que al amor y a la muerte nunca las vamos a comprender, aunque las soñemos constantemente.

Lo sabio del tiempo, la percepción fugaz


Nace un niño,

Nace una niña,

En algún lugar lejos,

Las estrellas admiran

Una de ellas se despide en un flash,

desaparece,

Allí el primer llanto.

Hay razones por las que mirar al cielo,

Porque seremos diminutos ante una estrella,

Y tendremos miedo a su fuego,

Pero también hay razones por las que mirar el suelo,

Donde el niño y la niña van a crecer,

Y seremos dichosos de amarnos los unos y los otros,

Cavilar sobre todo, sobre lo sabio del tiempo,

Porque nada es eterno por una razón,

Y aún así la muerte no escapa de si misma.

Como todo nace, todo se deshace.

La balsa


Entonces di el primer empujón, el remo se resistió cuando cargue toda mi fuerza para avanzar. Lo crucé hasta que lo pude sumergir del otro lado y me acomode. Di el segundo empujón, el agua había aflojado un poco y sentí como me movía, ligero, apenas las olas que se formaban con el golpe de remo se perdían a centímetros míos.
La orilla por detrás, había empezado a alejarse cada vez con más rapidez.
Al otro lado, flameaba su vestido floreado. No era verano, ni primavera, pero sus pies estaban descalzos en la arena. Dejé de remar para saludarla de lejos, me sentí tan alegre cuando me respondió a la lejanía del mismo modo.
¿Cuántos rayos de sol quedaban para que se terminara el día?, eso no importaba. El remo seguía batiendo el agua, a un lado y al otro.
Las pequeñas olas chocaban con la orilla, y ahí sentí como mi viaje frenaba. Dejé los remos en su lugar, metí los pies en el agua. Seguía cálida, ahora más serena que antes.
Sus brazos cruzaron mi cuello, sentí un beso (pero fue un instante), luego acarició mi costado. En el ocaso, sus ojos brillaron intensamente como el último fuego en la tierra.
Y como el sol, desaparecimos antes de que la luna apareciera frente nuestro.