El Traidor, Parte4


Cuarta parte de “El Traidor”

¡Ya cerca del final!

Si no leiste las anteriores:


En un insoportable dolor de cabeza, el caballerizo se incorporó de un salto, pero por la falta de equilibrio dio con la cabeza en suelo gritando del dolor.

Unos pasos ligeros llegaron a la oscura habitación en donde el caballerizo estaba agarrándose las sienes. La humedad del lugar pesaba en cada gota de sudor que se derramaba de la frente de Sr. Arthur cada vez que apretaba su cabeza.

« ¿Estás bien? ». Preguntó Aldrich alcanzando su mano al hombro del afiebrado caballerizo.

« ¿Cómo?, ¿Qué haces aquí? ».

Sr. Arthur estaba inmerso en un mareo que le revolvía todas las tripas. En un acto reflejo, cuando sintió que le tocaban el hombro, logró darse la vuelta y torcerle la muñeca al anciano que instantáneamente soltó un alarido de dolor y quitando el brazo lo más rápido posible.

« ¡Maldito anciano!, !Me envenenaste, maldito! ».

Aldrich salió a toda velocidad hacia la siguiente habitación, de la cual alguna luz salía e iluminaba el marco de la puerta. Los pasos del anciano eran frágiles pero ligeros, y detrás de él, el caballerizo enfurecido que le seguía dispuesto a degollarlo.

« ¡Cálmate!, ¡Cálmate! ». Repetía Aldrich constantemente tratando de quedar lo más alejado de Sr. Arthur, quien desbordaba de furia y bestialidad.

La puerta que daba al exterior estaba a pocos pasos de la mesa, si fuera la última opción Aldrich escaparía por el bosque donde el caballerizo se perdería como lo había hecho anteriormente.

« ¡Me has engañado, maldito anciano!, ¡Te aprovechaste de mi estado y me envenenaste! ».

« ¡Yo no te he engañado, caballerizo! ».

« ¡¿Qué día es hoy?! ¡Me drogaste y por culpa tuya fallé a mi rey! ». El mareo estaba desapareciendo y Sr. Arthur recobrarba la fuerza lentamente.

Le dieron varias vueltas a la sala persiguiéndose y todo lo que podía romperse fue roto.

« ¡Recapacita, caballerizo! ¿Acaso no te sane la herida?, ¡Cuál fuese lo que hayas tenido que hacer, hubieras muerto en el camino! ».

Aldrich parecía agotado por tanto correteo, la presión de tener a un experto ejecutor persiguiendolo le generaba un cansancio extremo.

« ¡Cálla y responde!, ¡¿Hace cuánto que estoy así?! ».

« ¡Fue apenas un día, no me mates!, por favor». El anciano se vio acorralado y se lanzó al suelo sin más que esperar.

Sr. Arthur avanzó lentamente, entre pasos tontos y flojos. Se detuvo a poco más de medio metro de Aldrich.

« ¿Sabes qué es lo que has hecho? ». Claramente, el caballerizo no esperaba una respuesta. « No por casualidad me perdí en este maldito bosque, y no por casualidad tenía una herida en el costado. Estaba persiguiendo a un hombre, y ese hombre había dado su palabra. Había prometido una pelea con honor, y no fue él quien no cumplió con su palabra. ¿Sabes quién fue el traidor? ».

El insoportable silencio acrecentaba la densidad del aire en aquella habitación. El caballerizo parecía inmutado en aquel lugar, manteniendo una fuerte presencia que impedía a Aldrich incorporarse o siquiera escapar a gatas.

« Anciano, ¿Sabes lo que significa para un caballero, para un hombre del rey, incumplir con la palabra?. Si cualquiera me reportara, sabiendo que no cumplí con lo que mi rey pidió, mi cabeza sería cortada. ¡No una vez!, ¡Diez o cien veces!, ¡La harían picadillo! ».

Sr. Arthur se acercó y miró al anciano que parecía acobardado, asustado al igual que un niño frente a una pesadilla hecha real.

« ¡Despreocúpate!, no voy a matarte. Ya no ». Dijo el caballerizo y se recostó junto a Aldrich que apunto estaba por echarse a llorar. « Disculpa, ya no tiene caso. No habría por qué matarte, no podría ». Tomó su cabeza y dejó salir en un largo soplo toda la bronca que lo atormentaba.

« ¿Puedo pedirte algo?, no me enojaré si te niegas ».

Aldrich asintió con la cabeza, aún bastante asustado. El miedo a ser asesinado no es algo que pueda perderse en unos minutos.

La luz del alba entraba fugazmente por todos lados, el cántico de un pájaro delataba que era de mañana, y la refrescante brisa aligeraba el ambiente y la respiración. El lugar estaba tranquilo y gozaba de una paz tan propia del bosque, como la que el caballerizo recordaba de su viaje por la penumbra de la noche en GreenTeeth.

« ¿Cuánto tiempo vas a seguir durmiendo? ».

« Disculpa, ya me voy ». Dijo el caballerizo y comenzó a vestirse ni bien se puso de pie.

« Mañana emprenderé viaje, ¿no necesitas nada más? ». Aldrich llevaba consigo unas pequeñas bolsas con monedas, al parecer eran varios oros porque parecía bastante pesada.

« Gracias, ya te pedí mucho. Bueno, me marcho ».

« Espero que vivas mucho, caballerizo ». Dijo Aldrich mientras le estrechaba la mano a Sr. Arthur.

« Y vos tambien, Aldrich ».

Fuera de la casa, un caballo de pelaje blanco esperaba mientras pastaba. Ya ensillado, el caballerizo montó al animal y con un suave golpe en el muslo, el caballo arrancó hacia el bosque. « Disculpa las molestias, de verdad. ¡Adios y gracias! ».

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Limones


Un día, hace varios años, me encontré con una mujer anciana que estaba agachada juntando limones debajo de un limonero a más no poder, tanto así que le costó volver a enderezarse.

Un sentimiento de empatía me llamó a querer ayudarla. La mujer hacía malabares con las frutas entre sus brazos y parecía querer agacharse para juntar aún más.

Cuando me acerqué para ayudarla me indicó que juntara las que estaban en el suelo.Asentí sin más, junté los limones (la mayoría estaban machacados por la caída o viejos por el tiempo) y le pregunté:

-¿Por qué estás juntando los limones viejos del suelo si tenés nuevos en el árbol?

La anciana ni siquiera me miró, se dio la vuelta y marchó. En ese momento pensé que me dejaría plantado con los limones en los brazos frente a su casa, pero entonces regresó (había ido a dejar los limones).

Me dijo algo como:

– Cuando caigan los limones del árbol, los juntaré. Hay que dejar las cosas madurar. Sabes, hay un momento en la vida que para levantarse nuevamente hay que dejarse caer. Siempre vendrá alguien a levantarte.

Y esa fue una tarde que me dejó pensando, hasta el día de hoy.

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El Traidor, Parte3


Tercera parte de “El Traidor”.

Si no leiste las partes 1 y 2 :


 

El adrede viaje de retorno del caballerizo hacia GrassLand se convertía en una insoportable caminata de dolor y fatiga. La herida en su costado se empezaba a cicatrizar, y una incontenible infección nacía a efectos post hemorragia.

A cada paso que daba Sr. Arthur, el oscuro escenario de GreenTeeth parecía hacerse cada vez más profundo. La luz de la luna solo rayaba algunas veces cuando atravesaba el tejado de hojas y la maraña de ramas extendidas a lo alto y a lo largo, sobre la cabeza del caballerizo.

Entre el aturdimiento que provocaba el silencio, el frágil sonido que reprodujo el quebrar de una rama a la distancia, lo puso alerta. Sr. Arthur desenvainó su espada larga y el rozar del filo con la vaina sonó diciendo “Estoy preparado para cortar a cualquiera por la mitad”.

« ¡Sal de ahí maldito traidor! ¡Si crees que vas a matarme, estas muy equivocado! ». El caballerizo no sería tomado por sorpresa.

« ¿Traidor, a quien le dices así? ¿Quién eres y qué buscas? ». Ciertamente no era alguien a quien el caballerizo había escuchado antes, y claramente no era el hombre que buscaba.

« ¡Mi nombre es Arthur Collingwood, Señor Caballerizo de la primera cuadrilla real de vuestro Rey, Sebastian Dankworth ».

« ¿Si eres quien dices ser, qué haría el Sr. Caballerizo en los bosques de GreenTeeth tan lejos del rey? ».

« Podría sincerarme con usted diciéndole cosas que no le conciernen ». El silencio se apoderó del bosque nuevamente.

El caballerizo suspiro descargando la pesada tensión que lo había agotado mientras gritaba.

« Puede ser que le resulte difícil creer en mis palabras, pero necesito que me diga hacia donde está el cementerio del pueblo ».

Una antorcha se encendió repentinamente haciendo un foco de luz sobre las sombras del bosque. Allí, sosteniendo la ardiente llama, un anciano miraba fijo al caballerizo.

« Señor Collingwood, disculpe usted mi falta de respeto, estos bosques son peligrosos y hay que estar atentos. ¿Acaso está perdido? ».

« ¡Puede ser cierto! ». Dijo con cierto cinismo.

El anciano se acercó lentamente hacia el caballerizo.

A pocos metros, se detuvo manteniendo alguna distancia fuera del rango de la espada.

« El cementerio está a unos pocos minutos de aquí, ¿Eso está bien? ». El hombre acercó la luz al costado de Sr. Arthur viendo la herida desnuda, envuelta en una espesa mancha roja.

« ¿Qué cree usted? ».

« No soy médico, pero eso no es nada bueno. Es mejor tratarlo cuanto antes ».

El calor de la antorcha que acercaba el anciano al cuerpo del caballerizo, le provocaba un insoportable ardor que efervecía a lo largo del tajo.

« Le agradecería, pero no tengo mucho tiempo ».

« No llegarías a ningún lado ni aunque te arrastraras. Tengo algo que te puede ayudar, sé de venenos y tu herida delata una leve dosis de cuita diluida ».

Sr. Arthur, miró directamente a los ojos desafiando la voluntad del anciano, reacio a creerle y a abandonar su causa. Pero lo único que obtuvo fue un golpe en la herida que lo hizo caer sobre sus rodillas y de un manotazo, el anciano le quitó la espada de la mano.

« Cargar con una espada tan pesada en tu estado, no te ayudará en nada. Espérame mientras traigo el antídoto ». Mientras el hombre se alejaba, la luz se desvanecía con él a la par de balbuceos incomprensibles.

« Anciano, devuelveme la espada ». El dolor del golpe en su costado le había quitado el aliento.

Sr. Arthur pudo escuchar una puerta abriéndose muy cerca de donde yacía recostado. La luz de la antorcha era un punto que reprimía algunas sombras que retrocedía por unas paredes hasta el marco de lo que parecía la puerta.

El tiempo seguía corriendo y no faltaba mucho para el amanecer, lo que molestaba cada vez más al caballerizo. Pensar en ello lo hacía enfurecer y la tensión le causaba un insoportable dolor que presionaba todo su abdomen.

« ¡Apúrate, anciano! ». Repetía ansioso de lo que fuera que estaba buscando. Trató de acostarse en el suelo, lentamente para no esforzarse demasiado.

El ruido de la puerta arrastrándose sobre el suelo resonó por todo el lugar.

« ¿Caballerizo? ».

« ¡Por aquí!, ¡Aquí! ».

« Ya me había olvidado de dónde estabas ». La risa del anciano forzaba las rasposas cuerdas vocales que apenas sonaban.

« Llamame Aldrich. No anciano, es ofensivo ».

Aldrich tomó de la muñeca del caballerizo e hizo a un lado el brazo.

« ¿Qué es ese trapo?, ¿y ese frasco? ». Preguntaba atento a los elementos que el hombre había traído consigo.

« ¿Tan nervioso está el gran caballerizo mayor?, esto te curará en un santiamén ».

Primero tomó de un frasco pequeño y vertió un líquido azul sobre la tela que tendió en su regazo. Pidió al caballerizo que se sentara dándole la espalda para que pudiera trabajar más cómodamente. Antes de proseguir le explicó « Deberás tomar de este brebaje mientras te curo, no es muy distinto al ron. ¿Has probado ron alguna vez? ». Agregó con sincera curiosidad.

« Hace mucho tiempo no me doy esos gustos, ¿Estás seguro que no es veneno? ». Sr. Arthur miró dos o tres veces el frasco con suma desconfianza.

Aquel pequeño recipiente contenía un líquido tan claro como el agua, pero que destapado despedía un fuerte aroma dulzor que se mezclaba con otras esencias desconocidas. Cuando emprendió a tomar de él, Aldrich apretó fuertemente la herida con el trapo, haciendo gritar al caballerizo del ardor que le perforaba la carne abierta de la herida. En aquella vociferación Sr. Arthur se ahogó en el brebaje ardiente que cayó sobre su ropa.

El forcejeo duró varios minutos, varios interminables minutos de dolor para el caballerizo. Pero todo se calmó cuando Sr. Arthur cayó dormido en el frio verde del pasto, con los ojos fijos en el vacío oscuro del bosque.

« Eres fuerte Arthur Collingwood, no esperaba que aguantas tanto el sedante ». Dijo el anciano Aldrich antes de apagar la antorcha que seguía encendida detrás de ellos.

Continuara…

El traidor, Parte2


Secuela de “El Traidor”.

Si no leíste la primera parte: Parte 1


La oscuridad que consumía el bosque atrapaba a los cuerpos torneados de los árboles que aparecían en el camino del caballerizo. Entre cada paso que adelantaba Sr. Arthur a lo desolado de GreenTeeth, como se hacía conocer el extenso bosque detrás de GrassLand, la bruma aparecía lentamente desvaneciendo toda silueta reconocible a la corta distancia. De allí en adelante, Sr. Arthur debería de apañárselas a oído y tacto.

El silencio era el calmo sonido del viento que recorría cada pasto sobre el suelo, sumado al endeble silbido que llegaba desde lejos. Nada más que se hiciera notar, lo que era extraño para un bosque.

Con la espada en mano, el caballerizo dio media vuelta y perfiló un tajo a la oscuridad. La hoja de acero perforó el cuerpo duro de una rama que se desplomó luego del golpe. El tronco, que doblaba el grueso de un brazo humano, cayó sobre el hombro de Sr. Arthur afligiendo un fuerte dolor que lo hizo vociferar blasfemias, a quien sabe qué demonio, y que acalló rápidamente para no delatar su posición.

Con el hombro deshecho, el caballerizo se adelantó sigilosamente varios metros hasta que el rozar de unos pasos sobre el suelo, traicionaron el ataque de quien fuera el enemigo Sr. Arthur debía eliminar.

El hombre azotó un golpe a la cara del caballerizo haciéndolo tambalear y con una daga le perforó el costado antes de alejarse por las sombras.

Sr. Arthur cayó sobre sus rodillas y quitó la daga antes de que el misterioso traidor apareciera nuevamente.

<Al parecer, este hombre tiene cierta afinidad con los cuchillos y las dagas. Este angosto lugar le da la ventaja ante mi espada larga>. Pensó el caballerizo entre el dolor que cargaba encima.

« Luces desanimado, ¿O te ha afectado la vejez? ». Las sombras repetían el eco de aquella misteriosa voz.

« ¿Quién eres?, deja de esconderte y pelea como lo haría cualquier hombre ». Sr. Arthur había visto conveniente disuadir a su atacante con provocaciones.

« ¿Crees que me gustaría enfrentarme a tí, el gran caballerizo real Arthur Collingwood?, no soy tan idiota ».

« ¡Eres un cobarde!, si tuvieras un poco de honor podría perdonarte la vida cuando te gane ».

« Hablas mucho y haces poco. ¿Quieres un combate?, si llegas vivo al cementerio de GrassLand te daré la pelea que buscas. Pero apurate, o el veneno en tu herida hará mi trabajo». Las carcajadas maniaticas se esfumaron mientras el traidor se alejaba.

La suerte del caballerizo parecía caerse a pedazos. Haber logrado un combate uno a uno no le significaba nada si tenía que volver a GrassLand con una herida de gravedad que supuraba veneno.

¿Y hacia donde quedaba GrassLand?, ciertamente entre la oscuridad parecía imposible darse cuenta si ir hacia adelante, significaba dirigirse al norte o a qué otra dirección.

Continuara…

¿Cómo es tu personaje?


De seguro que en cualquier lectura, en donde se pueda reconocer al personaje que narra, o que es narrado desde un punto de vista externo a él, existe un cuerpo de personalidad más bien trabajado que el aspecto físico. Es decir que los detalles de la manera o los modos de ser del personaje resaltan (o deberían resaltar) más que los detalles de la apariencia. Al menos, es así como lo percibo.

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Decidir si el personaje será rubio, castaño, pelirrojo, si será alto, bajo o mediano, juegan un papel importante, pero no lo suficiente como para generar un encuentro profundo con el lector. Claro que si del personaje que estamos hablando tiene cuatro brazos o una cola, influye de seguro en el tipo de cuento y los gustos del lector en leer fantasía, o ciencia ficción.

Pero en la concepción real de ese ser que viajará por las páginas llevándonos a distintos escenarios, el saber cómo es (cognitiva y emocionalmente) el personaje, decidirá qué caminos tomar (digamos que hasta casi, por inercia). Pues si tiene inclinaciones ideológicas, gustos y disgustos, sueños, metas, etc, entonces el personaje pasa a personificarse de manera que, nos gustará o no, escucharlo narrar su historia.

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Más adelante voy a seguir con el tema, más bien con algunas preguntas: ¿De donde saca el personaje su personalidad?, ¿Qué tan explicita debe ser esa personalidad?

No quiero quitarle crédito a diseñar el aspecto físico del personaje, más bien es algo fundamental, porque un personaje hay que imaginárselo de alguna manera.

El traidor, Parte1


En Cliff Harbor, el reino de las costas del sur, donde suelo era una sola placa de piedra y el viento se inundaba de la bruma del mar, Sr. Arthur, el caballerizo mayor de la cuadrilla real, preparaba su viaje junto a Pumpkin, su yegua de pelaje anaranjado.

El rey le había encomendado solo a él, matar al traidor, un caballerizo novato que habría de encontrarlo en las afueras del reino de Grassland.

Repitieron todos en el salón, a coro del rey aquel lema real que todos sabían recitar: <Soy el pastor y soy el lobo, cuando mis ovejas caminan las miro, cuando mis ovejas corren las calmo, pero cuando escapan las cazo>.

Sin tiempo que perder, el caballerizo partió con su yegua ensillada y con algunos bolsones con cosas para el viaje. El galopar de Pumpkin era rápido y su estado físico era único, esas eran las virtudes de ser la yegua del Sr. Arthur.

Emprendido el viaje, el hombre apaciguó la marcha de su yegua y revolviendo algunas cosas que llevaba al costado, sacó lo que parecía un mapa. A medio día pasaría por la bajada del Río Seco, y ya llegando a la noche estaría entrando al reino de Grassland. Dio un golpe en el muslo del caballo y comenzaron nuevamente a andar a toda prisa.

Pasando por la bajada hacia el río, el caballerizo vio a la distancia el cuerpo descompuesto de un caballo que llevaba puesto la montura distintiva de los jinetes de su cuadrilla. Avanzaron hasta quedar a unos metros del cadáver, las pesuñas de Pumpkin apenas se empaparon, y el hombre miró detenidamente en busca de alguna pista, pero no había nada que le pareciera relevante.

Al otro lado del río comenzaba la pradera, y en poco menos de una hora llegaron a un lago que parecía, no terminaba sino en el horizonte. No perdieron mucho más que algunos minutos, el caballerizo quería llegar cuanto antes al reino de Grassland.

Luego del descanso en el lago, el viaje había sido ininterrumpido hasta que el sol bajara y comenzara a iluminar el frío blanco de la luna.

Los bajos muros del reino de Grassland eran solo para molestar el paso, porque no servían de murallas de defensa. Las casas eran enanas, al parecer se construían metro y medio bajo tierra, y eso les ayudaba a resguardarse de las tormentas que llegaban del norte.

El grito de Pumpkin fue un chillar horrible, alarmó varios hombres que inmediatamente se comenzaron a acercar. Sr. Arthur se cayó al suelo, y la yegua se desplomó de costado.

Sobre el muslo izquierdo, el animal tenía incrustado un cuchillo pequeño, pero algo así no podía causarle tanto dolor a la yegua.

Desde las sombras y por entre los árboles, apareció una voz: <si te distraes no me atraparás.

El caballerizo sintió impotencia y aunque quiso atender a Pumpkin, sabía que si perdía mucho tiempo estaría desacatando la palabra de su rey.

Sr. Arthur masculló una maldición, y se incorporó dispuesto a seguir. Pero antes de dejar de lado a su amiga, perfiló su espada y dio un tajo limpio que dio final a Pumpkin.

Con su espada ensangrentada, caminó hacia el infinito oscuro del bosque de donde había escuchado aquella voz.

Continuará…

La envidia de la luna al sol


Hubo un hombre que se enamoró del amanecer,

que siempre subía a la terraza para esperar al alba,

y el sol siempre aparecía;

en verano más temprano,

en invierno más tarde.

Pero entonces la luna sintió envidia,

y aunque había quién disfrutaba del atardecer,

y quién gustaba del anochecer,

decidió interrumpir aquella mañana la salida del sol.

El cielo se vio oscuro,

la gran figura opaca se interpuso ante los rayos de luz,

fulgía de un borde rojizo,

y el hombre se vio preocupado,

pensó que nunca volvería a ver el sol,

pensó que había hecho mal,

y que aquello era una advertencia,

entonces volvió a su casa; pequeña, solitaria y apagada.

Poco después, el calor que pegaba en la espalda de la luna la hizo correr,

se sintió satisfecha y realizada.

Aquella noche el cielo se nubló y llovió con calma,

nadie salió afuera, y nadie vio regresar a la luna.

Cuando todos descansaron de la lluvia,

despertaron temprano, con energía, y con ganas de salir,

se abrieron las primeras puertas, y las primeras ventanas,

quienes seguían legañosos, se limpiaron y vieron allí salir al sol,

el sol irradiaba con fuerza,

tanto que achinó la vista de los espectadores,

y fue un día hermoso, simple y hermoso.

.

Pavada de ultimo momento


¿Por qué si el cielo es tan enorme mi dedo cubre el sol?
Creo que es en la locura o en la sensatez, aunque no estoy seguro, que descubrí que mi pulgar puede tapar el día. Entonces… no soy tan distinto a Dios (pero quien soy yo para culparle de tal atrocidad), – El hombre del pulgar gigante -dirán.
¿Para qué sirve algo así?
Si levanto el dedo tapó el sol, si lo dejo
caer causo desastres.
¿Cuál es tu plan, Dios?, al menos me hubieras conseguido un pantalón con un bolsillo para guardar el pulgar.

Nueva Historia #3


Fueron tres semanas en la casa de mi tía, y hasta me había olvidado de que tenía casa propia. Papá solo me llama los viernes a la noche, creo que tiene un recordatorio en el celular que le avisa al respecto. Me gustaría decir: – No me molesta que no se aparezca en toda la semana -Pero eso sería engañarme a mi mismo. Al menos tengo a mi primo, aunque no siempre está en la casa. Cuando la novia lo llama sale de apuro; hay veces que sale con los cordones de las zapatillas desatados.

Ayer a la noche, mientras hablaba con papá, me contó que su investigación estaba avanzando, y en cierto punto me alegró. Pero… bueno, no importa.

La tía siempre habla sobre que papá debería buscar una novia y dejar de trabajar tanto en esas investigaciones en las que está metido. No me lo dice a mi, pero yo la escucho cuando habla con sus amigas, y no me molesta.

Hoy es un día tranquilo, el cielo está despejado y solo algunos automóviles pasan por el frente. Es un lindo sábado. Nachi (el gato de mi tía), sigue recostado desde temprano lamiéndose de vez en cuando. Supongo que no se va a quedar ahí todo el día. Yo, por mi parte, a la tarde me junto con mi mejor amigo. Me pasan a buscar, su madre tiene el día libre y nos va a llevar a la playa. Aunque me gustaría pasar a buscar a casa alguna Bermuda, porque no traje en mi bolso.

La balsa


Entonces di el primer empujón, el remo se resistió cuando cargue toda mi fuerza para avanzar. Lo crucé hasta que lo pude sumergir del otro lado y me acomode. Di el segundo empujón, el agua había aflojado un poco y sentí como me movía, ligero, apenas las olas que se formaban con el golpe de remo se perdían a centímetros míos.
La orilla por detrás, había empezado a alejarse cada vez con más rapidez.
Al otro lado, flameaba su vestido floreado. No era verano, ni primavera, pero sus pies estaban descalzos en la arena. Dejé de remar para saludarla de lejos, me sentí tan alegre cuando me respondió a la lejanía del mismo modo.
¿Cuántos rayos de sol quedaban para que se terminara el día?, eso no importaba. El remo seguía batiendo el agua, a un lado y al otro.
Las pequeñas olas chocaban con la orilla, y ahí sentí como mi viaje frenaba. Dejé los remos en su lugar, metí los pies en el agua. Seguía cálida, ahora más serena que antes.
Sus brazos cruzaron mi cuello, sentí un beso (pero fue un instante), luego acarició mi costado. En el ocaso, sus ojos brillaron intensamente como el último fuego en la tierra.
Y como el sol, desaparecimos antes de que la luna apareciera frente nuestro.