Transición


La frontera del mundo la llamaron; también el horizonte; a su vez el más allá. Pero caminando hacia el final, no encontré ninguno de ellos. Al menos nada que se les pareciera.
¿Será que los grandes pensadores se habrán equivocado? ¿O habrá sido el miedo? El miedo romántico de algún poeta que descubrió que al final no hay final, que no existen límites para las fantasías, ¿O será que yo aún no he encontrado ese final? ¿Me estará faltando algo?
Supongo que para cuando suceda, habré dejado escrita mi versión del mundo. Si encuentro la frontera del mundo, me entregaré a su nueva dimensión y lo que vendrá después.
Quizás allí estén esos locos como yo, también buscando nuevas fronteras que cruzar.

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Manos que hacen


Las manos, ¿Cuál será su propósito?. Con las manos, al menos una, conocemos el mundo.

La percepción de lo que vemos, nunca sería más real si lo sintiéramos, con la palma de la mano, con los dedos. Pero tampoco es necesario tocar con las manos si se puede sentir con el rostro; un beso en la mejilla. Y sentimos también con los pies; aquella pequeña piedra entre los dedos que tanto incomoda.

Pero las manos tienen más que dar, porque son símbolo de anhelo en el sueño, aquello que llega como un regalo y queremos tomar, o eso que se va y no lo queremos soltar.

También es conocimiento, el arte de la pintura, la música que se interpreta, la tinta en la escritura, el mismo libro que de no ser por las manos quedaría cerrado, desdeñado por la imposibilidad de que los ojos conozcan su interior.

Muchas cosas que se perderían si no fuera por las manos. Aun así, a menester de ellas, no somos inútiles. Me apego a que una mano no tiene un propósito, que un pie no tiene un propósito. Diría que logran ser el qué para hacer el cómo (el medio para el fin), porque para caminar no solo se puede caminar con los pies, o para escribir no solo se escribe usando las manos.

Al menos ahora creo que nada sirve para nada y sirve para todo, quizás no llegues a volar, solo porque tus manos sirven para una extensa lista de cosas, tampoco será posible lo imposible. Son manos, no alas.

Sorprenderse, no engañarse (algo no tan anónimo)


Fulano remonta en su cabeza la pregunta de  “¿Podré olvidar a mis amores pasados?”
Mientras Fulana se somete a la de “¿Alguna vez me habrá de considerar su posible amor?”
Cuándo nos dejará de someter el pasado a sus recuerdos, y cuándo cesará la proyección del futuro en formas de anhelo, tan difícil es ver hoy lo que es ser y existir. Y no hay que pensar para ello.
Mejor me dejas, no soy el que tiene tus respuestas, aunque puedo ayudarte. Seguro, si me lo permites primero. Lo que no es seguro es que tú te permitas también.
Así quizás los fulanos y las fulanas dejen de perder el tiempo. Yo creo que se puede cambiar.
Te sorprenderás de ser solo quien eres, y de cada día ser distinto.

El Traidor, Parte4


Cuarta parte de “El Traidor”

¡Ya cerca del final!

Si no leiste las anteriores:


En un insoportable dolor de cabeza, el caballerizo se incorporó de un salto, pero por la falta de equilibrio dio con la cabeza en suelo gritando del dolor.

Unos pasos ligeros llegaron a la oscura habitación en donde el caballerizo estaba agarrándose las sienes. La humedad del lugar pesaba en cada gota de sudor que se derramaba de la frente de Sr. Arthur cada vez que apretaba su cabeza.

« ¿Estás bien? ». Preguntó Aldrich alcanzando su mano al hombro del afiebrado caballerizo.

« ¿Cómo?, ¿Qué haces aquí? ».

Sr. Arthur estaba inmerso en un mareo que le revolvía todas las tripas. En un acto reflejo, cuando sintió que le tocaban el hombro, logró darse la vuelta y torcerle la muñeca al anciano que instantáneamente soltó un alarido de dolor y quitando el brazo lo más rápido posible.

« ¡Maldito anciano!, !Me envenenaste, maldito! ».

Aldrich salió a toda velocidad hacia la siguiente habitación, de la cual alguna luz salía e iluminaba el marco de la puerta. Los pasos del anciano eran frágiles pero ligeros, y detrás de él, el caballerizo enfurecido que le seguía dispuesto a degollarlo.

« ¡Cálmate!, ¡Cálmate! ». Repetía Aldrich constantemente tratando de quedar lo más alejado de Sr. Arthur, quien desbordaba de furia y bestialidad.

La puerta que daba al exterior estaba a pocos pasos de la mesa, si fuera la última opción Aldrich escaparía por el bosque donde el caballerizo se perdería como lo había hecho anteriormente.

« ¡Me has engañado, maldito anciano!, ¡Te aprovechaste de mi estado y me envenenaste! ».

« ¡Yo no te he engañado, caballerizo! ».

« ¡¿Qué día es hoy?! ¡Me drogaste y por culpa tuya fallé a mi rey! ». El mareo estaba desapareciendo y Sr. Arthur recobrarba la fuerza lentamente.

Le dieron varias vueltas a la sala persiguiéndose y todo lo que podía romperse fue roto.

« ¡Recapacita, caballerizo! ¿Acaso no te sane la herida?, ¡Cuál fuese lo que hayas tenido que hacer, hubieras muerto en el camino! ».

Aldrich parecía agotado por tanto correteo, la presión de tener a un experto ejecutor persiguiendolo le generaba un cansancio extremo.

« ¡Cálla y responde!, ¡¿Hace cuánto que estoy así?! ».

« ¡Fue apenas un día, no me mates!, por favor». El anciano se vio acorralado y se lanzó al suelo sin más que esperar.

Sr. Arthur avanzó lentamente, entre pasos tontos y flojos. Se detuvo a poco más de medio metro de Aldrich.

« ¿Sabes qué es lo que has hecho? ». Claramente, el caballerizo no esperaba una respuesta. « No por casualidad me perdí en este maldito bosque, y no por casualidad tenía una herida en el costado. Estaba persiguiendo a un hombre, y ese hombre había dado su palabra. Había prometido una pelea con honor, y no fue él quien no cumplió con su palabra. ¿Sabes quién fue el traidor? ».

El insoportable silencio acrecentaba la densidad del aire en aquella habitación. El caballerizo parecía inmutado en aquel lugar, manteniendo una fuerte presencia que impedía a Aldrich incorporarse o siquiera escapar a gatas.

« Anciano, ¿Sabes lo que significa para un caballero, para un hombre del rey, incumplir con la palabra?. Si cualquiera me reportara, sabiendo que no cumplí con lo que mi rey pidió, mi cabeza sería cortada. ¡No una vez!, ¡Diez o cien veces!, ¡La harían picadillo! ».

Sr. Arthur se acercó y miró al anciano que parecía acobardado, asustado al igual que un niño frente a una pesadilla hecha real.

« ¡Despreocúpate!, no voy a matarte. Ya no ». Dijo el caballerizo y se recostó junto a Aldrich que apunto estaba por echarse a llorar. « Disculpa, ya no tiene caso. No habría por qué matarte, no podría ». Tomó su cabeza y dejó salir en un largo soplo toda la bronca que lo atormentaba.

« ¿Puedo pedirte algo?, no me enojaré si te niegas ».

Aldrich asintió con la cabeza, aún bastante asustado. El miedo a ser asesinado no es algo que pueda perderse en unos minutos.

La luz del alba entraba fugazmente por todos lados, el cántico de un pájaro delataba que era de mañana, y la refrescante brisa aligeraba el ambiente y la respiración. El lugar estaba tranquilo y gozaba de una paz tan propia del bosque, como la que el caballerizo recordaba de su viaje por la penumbra de la noche en GreenTeeth.

« ¿Cuánto tiempo vas a seguir durmiendo? ».

« Disculpa, ya me voy ». Dijo el caballerizo y comenzó a vestirse ni bien se puso de pie.

« Mañana emprenderé viaje, ¿no necesitas nada más? ». Aldrich llevaba consigo unas pequeñas bolsas con monedas, al parecer eran varios oros porque parecía bastante pesada.

« Gracias, ya te pedí mucho. Bueno, me marcho ».

« Espero que vivas mucho, caballerizo ». Dijo Aldrich mientras le estrechaba la mano a Sr. Arthur.

« Y vos tambien, Aldrich ».

Fuera de la casa, un caballo de pelaje blanco esperaba mientras pastaba. Ya ensillado, el caballerizo montó al animal y con un suave golpe en el muslo, el caballo arrancó hacia el bosque. « Disculpa las molestias, de verdad. ¡Adios y gracias! ».

Limones


Un día, hace varios años, me encontré con una mujer anciana que estaba agachada juntando limones debajo de un limonero a más no poder, tanto así que le costó volver a enderezarse.

Un sentimiento de empatía me llamó a querer ayudarla. La mujer hacía malabares con las frutas entre sus brazos y parecía querer agacharse para juntar aún más.

Cuando me acerqué para ayudarla me indicó que juntara las que estaban en el suelo.Asentí sin más, junté los limones (la mayoría estaban machacados por la caída o viejos por el tiempo) y le pregunté:

-¿Por qué estás juntando los limones viejos del suelo si tenés nuevos en el árbol?

La anciana ni siquiera me miró, se dio la vuelta y marchó. En ese momento pensé que me dejaría plantado con los limones en los brazos frente a su casa, pero entonces regresó (había ido a dejar los limones).

Me dijo algo como:

– Cuando caigan los limones del árbol, los juntaré. Hay que dejar las cosas madurar. Sabes, hay un momento en la vida que para levantarse nuevamente hay que dejarse caer. Siempre vendrá alguien a levantarte.

Y esa fue una tarde que me dejó pensando, hasta el día de hoy.

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El Traidor, Parte3


Tercera parte de “El Traidor”.

Si no leiste las partes 1 y 2 :


 

El adrede viaje de retorno del caballerizo hacia GrassLand se convertía en una insoportable caminata de dolor y fatiga. La herida en su costado se empezaba a cicatrizar, y una incontenible infección nacía a efectos post hemorragia.

A cada paso que daba Sr. Arthur, el oscuro escenario de GreenTeeth parecía hacerse cada vez más profundo. La luz de la luna solo rayaba algunas veces cuando atravesaba el tejado de hojas y la maraña de ramas extendidas a lo alto y a lo largo, sobre la cabeza del caballerizo.

Entre el aturdimiento que provocaba el silencio, el frágil sonido que reprodujo el quebrar de una rama a la distancia, lo puso alerta. Sr. Arthur desenvainó su espada larga y el rozar del filo con la vaina sonó diciendo “Estoy preparado para cortar a cualquiera por la mitad”.

« ¡Sal de ahí maldito traidor! ¡Si crees que vas a matarme, estas muy equivocado! ». El caballerizo no sería tomado por sorpresa.

« ¿Traidor, a quien le dices así? ¿Quién eres y qué buscas? ». Ciertamente no era alguien a quien el caballerizo había escuchado antes, y claramente no era el hombre que buscaba.

« ¡Mi nombre es Arthur Collingwood, Señor Caballerizo de la primera cuadrilla real de vuestro Rey, Sebastian Dankworth ».

« ¿Si eres quien dices ser, qué haría el Sr. Caballerizo en los bosques de GreenTeeth tan lejos del rey? ».

« Podría sincerarme con usted diciéndole cosas que no le conciernen ». El silencio se apoderó del bosque nuevamente.

El caballerizo suspiro descargando la pesada tensión que lo había agotado mientras gritaba.

« Puede ser que le resulte difícil creer en mis palabras, pero necesito que me diga hacia donde está el cementerio del pueblo ».

Una antorcha se encendió repentinamente haciendo un foco de luz sobre las sombras del bosque. Allí, sosteniendo la ardiente llama, un anciano miraba fijo al caballerizo.

« Señor Collingwood, disculpe usted mi falta de respeto, estos bosques son peligrosos y hay que estar atentos. ¿Acaso está perdido? ».

« ¡Puede ser cierto! ». Dijo con cierto cinismo.

El anciano se acercó lentamente hacia el caballerizo.

A pocos metros, se detuvo manteniendo alguna distancia fuera del rango de la espada.

« El cementerio está a unos pocos minutos de aquí, ¿Eso está bien? ». El hombre acercó la luz al costado de Sr. Arthur viendo la herida desnuda, envuelta en una espesa mancha roja.

« ¿Qué cree usted? ».

« No soy médico, pero eso no es nada bueno. Es mejor tratarlo cuanto antes ».

El calor de la antorcha que acercaba el anciano al cuerpo del caballerizo, le provocaba un insoportable ardor que efervecía a lo largo del tajo.

« Le agradecería, pero no tengo mucho tiempo ».

« No llegarías a ningún lado ni aunque te arrastraras. Tengo algo que te puede ayudar, sé de venenos y tu herida delata una leve dosis de cuita diluida ».

Sr. Arthur, miró directamente a los ojos desafiando la voluntad del anciano, reacio a creerle y a abandonar su causa. Pero lo único que obtuvo fue un golpe en la herida que lo hizo caer sobre sus rodillas y de un manotazo, el anciano le quitó la espada de la mano.

« Cargar con una espada tan pesada en tu estado, no te ayudará en nada. Espérame mientras traigo el antídoto ». Mientras el hombre se alejaba, la luz se desvanecía con él a la par de balbuceos incomprensibles.

« Anciano, devuelveme la espada ». El dolor del golpe en su costado le había quitado el aliento.

Sr. Arthur pudo escuchar una puerta abriéndose muy cerca de donde yacía recostado. La luz de la antorcha era un punto que reprimía algunas sombras que retrocedía por unas paredes hasta el marco de lo que parecía la puerta.

El tiempo seguía corriendo y no faltaba mucho para el amanecer, lo que molestaba cada vez más al caballerizo. Pensar en ello lo hacía enfurecer y la tensión le causaba un insoportable dolor que presionaba todo su abdomen.

« ¡Apúrate, anciano! ». Repetía ansioso de lo que fuera que estaba buscando. Trató de acostarse en el suelo, lentamente para no esforzarse demasiado.

El ruido de la puerta arrastrándose sobre el suelo resonó por todo el lugar.

« ¿Caballerizo? ».

« ¡Por aquí!, ¡Aquí! ».

« Ya me había olvidado de dónde estabas ». La risa del anciano forzaba las rasposas cuerdas vocales que apenas sonaban.

« Llamame Aldrich. No anciano, es ofensivo ».

Aldrich tomó de la muñeca del caballerizo e hizo a un lado el brazo.

« ¿Qué es ese trapo?, ¿y ese frasco? ». Preguntaba atento a los elementos que el hombre había traído consigo.

« ¿Tan nervioso está el gran caballerizo mayor?, esto te curará en un santiamén ».

Primero tomó de un frasco pequeño y vertió un líquido azul sobre la tela que tendió en su regazo. Pidió al caballerizo que se sentara dándole la espalda para que pudiera trabajar más cómodamente. Antes de proseguir le explicó « Deberás tomar de este brebaje mientras te curo, no es muy distinto al ron. ¿Has probado ron alguna vez? ». Agregó con sincera curiosidad.

« Hace mucho tiempo no me doy esos gustos, ¿Estás seguro que no es veneno? ». Sr. Arthur miró dos o tres veces el frasco con suma desconfianza.

Aquel pequeño recipiente contenía un líquido tan claro como el agua, pero que destapado despedía un fuerte aroma dulzor que se mezclaba con otras esencias desconocidas. Cuando emprendió a tomar de él, Aldrich apretó fuertemente la herida con el trapo, haciendo gritar al caballerizo del ardor que le perforaba la carne abierta de la herida. En aquella vociferación Sr. Arthur se ahogó en el brebaje ardiente que cayó sobre su ropa.

El forcejeo duró varios minutos, varios interminables minutos de dolor para el caballerizo. Pero todo se calmó cuando Sr. Arthur cayó dormido en el frio verde del pasto, con los ojos fijos en el vacío oscuro del bosque.

« Eres fuerte Arthur Collingwood, no esperaba que aguantas tanto el sedante ». Dijo el anciano Aldrich antes de apagar la antorcha que seguía encendida detrás de ellos.

Continuara…

Blog Tour


Hola a todos, todos. Quiero darles un Blog Tour para que sepan dónde están todas las cosas que podes encontrar en mi blog. 😀

Al comienzo de la página siempre van a encontrar, debajo del nombre del blog, el menú de páginas/enlaces. Allí están:

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Y bueno, no hay mucho más hasta ahora. Es un pequeño blog.

Tengo la idea de  hacer un Top 10 Entradas. Hay entradas de blogs que realmente quiero nombrar para este top 10. ¿Estás de acuerdo?

Girasol


Sus raíces son mil brazos,
con fuerza se aferran a la tierra,
cuando crece el tallo,
busca el cielo,
pero nunca despega,
no se suelta,
sabe que los sueños son sueños,
y aunque anhela tocar el cielo,
entiende que ella vive de la tierra,
abre su flor,
brillan los pétalos de amarillo,
siempre mira al sol,
y aunque no esté de noche,
sabe que siempre volverá a aparecer,
con la esperanza de que mañana,
por el horizonte,
el sol,
aparezca.


¿Quieres leerlo en ingles? Aquí está el Link.