Primero en mi, luego en todas las cosas


Imagina una rosa roja, como si fuera la más roja de todas. ¿Cuántos pétalos tiene?
Aquella rosa tiene espinas, y pinchan los dedos cuando se acercan al tallo para sostenerla sobre la mano. ¿Contaste cuántas espinas recorrían el tallo?
Ahora tómate un segundo para pensar en ti, ¿Cuánto de ti, conoces?
Cuando lo sepas pregúntate ¿Cuánto conoces de aquella rosa?, seguro que un poco más que antes.

Ideas que construyen


Las ideas que construyen, son todas buenas ideas. Y siempre hay que hacerlas bajar del plano mental, sino se esfumarán. Las ideas que se trabajan son aún mejores. Practicar una idea enseña a ver que lo lejano está cerca, como cuánto esfuerzo le dediquéis al realizarla.
Si tachas una idea, fíjate, qué te hace rechazarla, encuentra la causa de su problema e intenta idear una solución. Así tendrás de una idea pronta para desechar, una nueva idea que podría resultar más útil que cualquiera de las que están en la lista de ideas primordiales.
Y es por eso que todas las ideas son constructivas.

¿Cómo es tu personaje?


De seguro que en cualquier lectura, en donde se pueda reconocer al personaje que narra, o que es narrado desde un punto de vista externo a él, existe un cuerpo de personalidad más bien trabajado que el aspecto físico. Es decir que los detalles de la manera o los modos de ser del personaje resaltan (o deberían resaltar) más que los detalles de la apariencia. Al menos, es así como lo percibo.

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Decidir si el personaje será rubio, castaño, pelirrojo, si será alto, bajo o mediano, juegan un papel importante, pero no lo suficiente como para generar un encuentro profundo con el lector. Claro que si del personaje que estamos hablando tiene cuatro brazos o una cola, influye de seguro en el tipo de cuento y los gustos del lector en leer fantasía, o ciencia ficción.

Pero en la concepción real de ese ser que viajará por las páginas llevándonos a distintos escenarios, el saber cómo es (cognitiva y emocionalmente) el personaje, decidirá qué caminos tomar (digamos que hasta casi, por inercia). Pues si tiene inclinaciones ideológicas, gustos y disgustos, sueños, metas, etc, entonces el personaje pasa a personificarse de manera que, nos gustará o no, escucharlo narrar su historia.

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Más adelante voy a seguir con el tema, más bien con algunas preguntas: ¿De donde saca el personaje su personalidad?, ¿Qué tan explicita debe ser esa personalidad?

No quiero quitarle crédito a diseñar el aspecto físico del personaje, más bien es algo fundamental, porque un personaje hay que imaginárselo de alguna manera.