Santa, hechicera


La guitarra comienza,

un picado de cuerdas,

recorre tu cuerpo,

las manos remolinean.

Santa, hechicera,

pisas con fuerza, guerrera.

Flor en peineta,

miras de frente,

y sonríes,

¡engañas corazón!

Amores ajenos,

la reina mentira,

son los elogios,

de tus cautivos.

Mi corazón,

te lo has llevado,

yo ya sin más,

he perdido.

Son tus ojos,

de fuego encendido,

que quema,

y me quemó.

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El fuego inextinguible


Entonces el niño tomó la mano de su madre y ella le devolvió una sonrisa que de trasfondo eran el amor, el dolor, la felicidad y la angustia.

Le dijo con los ojos nublados y llorosos.- Quisiera mañana verte solo un momento, lamento no poder conocer tu rostro -Trastabilló cuando su garganta se hizo un nudo-. Hijo.

Y el niño recordó para siempre, cuanta calidez sintió aquel momento. Aquel fuego fue inextinguible.

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