Formas que cambian


Estar vivo tiene muchas formas, y cada forma tiene un significado.

Las misteriosas formas que se transforman en otras a medida que la situación lo hace, da a imaginar que primariamente estar vivo es ser líquido, es amoldarse a un cuerpo, a una idea, es evolucionar. Ese líquido que se desparrama horizontalmente en la superficie, que puede secarse, absorberse, evaporarse, o tomar otras formas.

Así también puede acaecer que encienda el fuego, concentrado en un centro que expande e irradia energía, que consume su fuerza en violentos chispazos. Ser vivo es crecer verticalmente en una columna de emociones, y apagarse lentamente en cenizas abrasadoras que añejan hasta el plateado fin.

Vivir es ser aire, liberarse, viajar sin rumbo, alimentar fuego de otro, vivir es conocer y distanciarse, mantener el cielo despejado, o atraer a la tormenta. Vivir sin dimensión, sin restricción.

Pero también es un golpe, lo sólido de la verdad y la realidad, la firmeza, ser vivo es tierra, es fruto, es crecer y morir, es fértil e infertil. También es ser cauto y responsable.

Hay formas que no pueden verse, o que no se conocen, hay otras que son favoritas o excluidas. Vivir es cambiar de forma.

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Me gusta el que estés aquí


Feliz he de estar, y aunque el cielo sigue gris, tu llegada me hizo olvidar esas nubes opacas. Si llovió no me di cuenta, pero no me importó ya que tú habías llegado. Solo saber que estás aquí, de haberte tenido tan lejos y ahora aquí, cómo no voy a estar feliz.
Hablamos de ti, de mí, también de otras cosas.
Hiciste al tiempo detenerse para descansar, pero no fue lo que pudiste descansar, más bien parecía que soñabas despierta. Y no pude hacer nada más que ver tu sonrisa desde lejos.
Llegué a extrañarte sabiendo que estabas en el cuarto de al lado, y parece mentira que cuando no estás, apenas te sueño.
Para cuando llegue el momento en que nos volvamos a ver, espero poder hacer durar al menos un abrazo lo que el tiempo se toma para llevarte lejos de mí.

El traidor, Parte1


En Cliff Harbor, el reino de las costas del sur, donde suelo era una sola placa de piedra y el viento se inundaba de la bruma del mar, Sr. Arthur, el caballerizo mayor de la cuadrilla real, preparaba su viaje junto a Pumpkin, su yegua de pelaje anaranjado.

El rey le había encomendado solo a él, matar al traidor, un caballerizo novato que habría de encontrarlo en las afueras del reino de Grassland.

Repitieron todos en el salón, a coro del rey aquel lema real que todos sabían recitar: <Soy el pastor y soy el lobo, cuando mis ovejas caminan las miro, cuando mis ovejas corren las calmo, pero cuando escapan las cazo>.

Sin tiempo que perder, el caballerizo partió con su yegua ensillada y con algunos bolsones con cosas para el viaje. El galopar de Pumpkin era rápido y su estado físico era único, esas eran las virtudes de ser la yegua del Sr. Arthur.

Emprendido el viaje, el hombre apaciguó la marcha de su yegua y revolviendo algunas cosas que llevaba al costado, sacó lo que parecía un mapa. A medio día pasaría por la bajada del Río Seco, y ya llegando a la noche estaría entrando al reino de Grassland. Dio un golpe en el muslo del caballo y comenzaron nuevamente a andar a toda prisa.

Pasando por la bajada hacia el río, el caballerizo vio a la distancia el cuerpo descompuesto de un caballo que llevaba puesto la montura distintiva de los jinetes de su cuadrilla. Avanzaron hasta quedar a unos metros del cadáver, las pesuñas de Pumpkin apenas se empaparon, y el hombre miró detenidamente en busca de alguna pista, pero no había nada que le pareciera relevante.

Al otro lado del río comenzaba la pradera, y en poco menos de una hora llegaron a un lago que parecía, no terminaba sino en el horizonte. No perdieron mucho más que algunos minutos, el caballerizo quería llegar cuanto antes al reino de Grassland.

Luego del descanso en el lago, el viaje había sido ininterrumpido hasta que el sol bajara y comenzara a iluminar el frío blanco de la luna.

Los bajos muros del reino de Grassland eran solo para molestar el paso, porque no servían de murallas de defensa. Las casas eran enanas, al parecer se construían metro y medio bajo tierra, y eso les ayudaba a resguardarse de las tormentas que llegaban del norte.

El grito de Pumpkin fue un chillar horrible, alarmó varios hombres que inmediatamente se comenzaron a acercar. Sr. Arthur se cayó al suelo, y la yegua se desplomó de costado.

Sobre el muslo izquierdo, el animal tenía incrustado un cuchillo pequeño, pero algo así no podía causarle tanto dolor a la yegua.

Desde las sombras y por entre los árboles, apareció una voz: <si te distraes no me atraparás.

El caballerizo sintió impotencia y aunque quiso atender a Pumpkin, sabía que si perdía mucho tiempo estaría desacatando la palabra de su rey.

Sr. Arthur masculló una maldición, y se incorporó dispuesto a seguir. Pero antes de dejar de lado a su amiga, perfiló su espada y dio un tajo limpio que dio final a Pumpkin.

Con su espada ensangrentada, caminó hacia el infinito oscuro del bosque de donde había escuchado aquella voz.

Continuará…