La vida es un instante


Un bloque sobre una cuerda,
El vacío hacia arriba y hacia abajo,
Pasa el tiempo y el equilibrio flaquea,
Se afloja y se tensa, se estira,
Tambalea de un lado al otro,
Trapecista, hueco y concreto,
Una pila de bloques crece y se tuerce,
No mires hacia abajo,
No te distraigas con lo de arriba,
Cada vez pesa más, cada vez más.
Ves como los hilos se desatan,
Suicidas que abandonaron su causa,
Te abandonaron.
Te descuidas y te ganó el tiempo,
Indicios del delito en la memoria.
Esporas de recuerdos viajan en el aire,
Te llegan y las consumes mil veces,
Mil veces como si fueran una sola,
La miseria y el dolor,
Suponen que los cargas,
Quizás, pero no estas seguro,
Senil, incomprendido, viejo.
Un día sí, otro día no.
Aún queda algo, y lo entregas,
Para qué me serviría guardar algo que puede que mañana no tenga dueño.
Nulidad, vacío, luz, adiós.

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El duende que tiro un jarrón


Restos de mí quedaron esparcidos sobre el suelo, algunos por detrás, otros escondidos por mi sombra. Partes de un jarrón de cuerpo frágil que se tatuó la historia de ayer en diseños florales que delineaban figuras de mi memoria, desde aquel sol saliendo por primera vez y la marca que dibujaba con mi vida el día de hoy. Se resbalaba mientras lo tenia descuidado detrás de mi espalda y golpeó de costado, el polvo y los quebradizos pedazos de la porcelana, el sonido estridente y seco que me hizo volver la vista atrás. Sorprendido, muevo el estante de donde estaba el recipiente, la lluvia, el sol y todas las estaciones que estaban guardadas en ella y vi, inspeccionando, las marcas de un duende ladrón, sus huellas embarradas por detrás del sillón, volví a ver el desastre que yacía desparramado frente a mis pies. Con una escoba y con cuidado guardé los restos en una bolsa de consorcio, de esas comunes, dolía escuchar el crack y el click de los trozos que aún mantenían un tamaño moderado, como del tamaño de la palma de mi mano o más pequeños.
Los duendes roban la memoria, pero hacen daño, rompen lo que tocan aunque sea sin querer. Pero son invisibles y no habré de cazarlo jamás.
Y aunque no es siempre, ellos aparecen siempre que me doy la espalda a mi mismo. Será para que vuelva la vista atrás.

Configurando


El equilibrio de una traza infinita, una línea que desaparece en los extremos del horizonte.

Así es la base de la vida, que por defecto está fabricada minuciosamente plana, uniforme, inmutada. Algunos la quitamos del envoltorio, otros les gusta mantenerla guardada en su caja original, como un fanático y sus muñecos de colección.

El efecto ecualizador, el maestro del sonido, las perillas que suben y bajan. Cada paso que pesa en la vida y hundimos esa línea,  y deformamos el espacio. “Todo lo que sube tiene que bajar”. Pero nos gusta peleale a la gravedad y subir luego de haber bajado.

Y es que curvamos la vista para mirar a un costado, saltamos para llegar más lejos, nos sentamos para descansar. Todas son decisiones que nos configuran, todas son fuerzas que nos responden a veces con una caricia, otras veces con una cachetada. Y qué cosa rara, me parece haber recibido menos golpes de los que creo merecer, ¿Arrepentido por algo?, supongo que no, pero habría que ser necio para no aceptar cuántas veces metí la pata.

En fin, es el poder de decidir que hacer, lo que configura nuestra vida, nuestra experiencia. El camino nunca tuvo curvas ni atajos, u otros caminos alternos; no antes de que llegaramos a él. Somos desequilibrados, y nunca caminaremos recto toda una vida. Quizás lo más recto que podamos, pero siempre torcemos el pie (aunque nos duela), y así seguiremos.

Circulos


Mi vida cambió cuando caminaba hacia una especie de simbolismo circular dibujado en el suelo, cual no era el único. Frente a mí, había de forma espejada otro círculo y alrededor habían varios más.
Estuve sólo durante varios días en aquella habitación, fue desesperante creer que me habían olvidado. Pero entonces apareció mi reemplazo, estaba dormido y lo dejaron en uno de los rincones.
Uno de esos hombres se me acercó pero no dijo nada, y así sin más, desaparecieron y dejaron la puerta abierta. Mi reacción fue casi involuntaria, quise salir de allí y abandonar el círculo en que permanecí todo ese tiempo.
Afuera encontré aire, luz, vida y mí vida.

Limones


Un día, hace varios años, me encontré con una mujer anciana que estaba agachada juntando limones debajo de un limonero a más no poder, tanto así que le costó volver a enderezarse.

Un sentimiento de empatía me llamó a querer ayudarla. La mujer hacía malabares con las frutas entre sus brazos y parecía querer agacharse para juntar aún más.

Cuando me acerqué para ayudarla me indicó que juntara las que estaban en el suelo.Asentí sin más, junté los limones (la mayoría estaban machacados por la caída o viejos por el tiempo) y le pregunté:

-¿Por qué estás juntando los limones viejos del suelo si tenés nuevos en el árbol?

La anciana ni siquiera me miró, se dio la vuelta y marchó. En ese momento pensé que me dejaría plantado con los limones en los brazos frente a su casa, pero entonces regresó (había ido a dejar los limones).

Me dijo algo como:

– Cuando caigan los limones del árbol, los juntaré. Hay que dejar las cosas madurar. Sabes, hay un momento en la vida que para levantarse nuevamente hay que dejarse caer. Siempre vendrá alguien a levantarte.

Y esa fue una tarde que me dejó pensando, hasta el día de hoy.

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Formas que cambian


Estar vivo tiene muchas formas, y cada forma tiene un significado.

Las misteriosas formas que se transforman en otras a medida que la situación lo hace, da a imaginar que primariamente estar vivo es ser líquido, es amoldarse a un cuerpo, a una idea, es evolucionar. Ese líquido que se desparrama horizontalmente en la superficie, que puede secarse, absorberse, evaporarse, o tomar otras formas.

Así también puede acaecer que encienda el fuego, concentrado en un centro que expande e irradia energía, que consume su fuerza en violentos chispazos. Ser vivo es crecer verticalmente en una columna de emociones, y apagarse lentamente en cenizas abrasadoras que añejan hasta el plateado fin.

Vivir es ser aire, liberarse, viajar sin rumbo, alimentar fuego de otro, vivir es conocer y distanciarse, mantener el cielo despejado, o atraer a la tormenta. Vivir sin dimensión, sin restricción.

Pero también es un golpe, lo sólido de la verdad y la realidad, la firmeza, ser vivo es tierra, es fruto, es crecer y morir, es fértil e infertil. También es ser cauto y responsable.

Hay formas que no pueden verse, o que no se conocen, hay otras que son favoritas o excluidas. Vivir es cambiar de forma.

Vida y canto


En las arenas bailan los remolinos,
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos,
el arriero va,el arriero va.

¿Qué habrá vivido este cantor para escribir así?

Me pregunto si no me estaré perdiendo de vivir, de caminar pisando la tierra y de ver la vida cantar.

Cantar a lo que los ojos ven, y a lo que no entendemos. Lo que es de la vida y la muerte. Escribir las palabras justas para entregar la experiencia más mía al lector, o cantar con el alma prendida de emociones para llegar al alma del espectador.

Que surja el verso más simple pero sincero.

https://youtu.be/CPbw34Ju_o4

Lo sabio del tiempo, la percepción fugaz


Nace un niño,

Nace una niña,

En algún lugar lejos,

Las estrellas admiran

Una de ellas se despide en un flash,

desaparece,

Allí el primer llanto.

Hay razones por las que mirar al cielo,

Porque seremos diminutos ante una estrella,

Y tendremos miedo a su fuego,

Pero también hay razones por las que mirar el suelo,

Donde el niño y la niña van a crecer,

Y seremos dichosos de amarnos los unos y los otros,

Cavilar sobre todo, sobre lo sabio del tiempo,

Porque nada es eterno por una razón,

Y aún así la muerte no escapa de si misma.

Como todo nace, todo se deshace.