Formas que cambian


Estar vivo tiene muchas formas, y cada forma tiene un significado.

Las misteriosas formas que se transforman en otras a medida que la situación lo hace, da a imaginar que primariamente estar vivo es ser líquido, es amoldarse a un cuerpo, a una idea, es evolucionar. Ese líquido que se desparrama horizontalmente en la superficie, que puede secarse, absorberse, evaporarse, o tomar otras formas.

Así también puede acaecer que encienda el fuego, concentrado en un centro que expande e irradia energía, que consume su fuerza en violentos chispazos. Ser vivo es crecer verticalmente en una columna de emociones, y apagarse lentamente en cenizas abrasadoras que añejan hasta el plateado fin.

Vivir es ser aire, liberarse, viajar sin rumbo, alimentar fuego de otro, vivir es conocer y distanciarse, mantener el cielo despejado, o atraer a la tormenta. Vivir sin dimensión, sin restricción.

Pero también es un golpe, lo sólido de la verdad y la realidad, la firmeza, ser vivo es tierra, es fruto, es crecer y morir, es fértil e infertil. También es ser cauto y responsable.

Hay formas que no pueden verse, o que no se conocen, hay otras que son favoritas o excluidas. Vivir es cambiar de forma.

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El amante antes de morir


Enterarse de que el día se derrumbó cuando era tarde, pero no de noche, no. La vulnerabilidad, la volatilidad y la franqueza de la vida, nada tan complejo que se extingue en un instante.
El eco de los pensamientos de sentirse diminuto, atrapado en la vida, y siendo egoísta con todo el mundo, pero satisfecho con lo poco que se ha hecho.
Claro, es el confort de ser libre, al menos ese es consuelo del inocente.
El romanticismo no me convence, es tan fácil despreciar la vida creyendo en cosas vacías. Pero somos tan tercos, y creemos en el amor poético, en la sutileza de las palabras que ya no se usan para entenderse al hablar.
Es por eso que al amor y a la muerte nunca las vamos a comprender, aunque las soñemos constantemente.